Hace mucho que no escribo, pero creo que me hacía falta.

A decir verdad me cree este blog para expresarme un poco, para poder estallar y luego sonreir con mis amigos reales... en cierta forma, descargarme con los virtuales.

Sin embargo el día de ayer me pasó algo que me hizo cambiar un poco mi manera de ver las cosas. Estaba regresando de la universidad, luego de un día espantoso (examenes sorpresas, discusiones con amigos, etc) cuando de pronto, en plena avenida a las 8:00 de la noche (hora pico de tráfico) se me apagó el carro, sin previo aviso ni más. Decidió que simplemente no iba a avanzar. Yo desesperada entre, el malestar del día, el cansancio, el malhumor y la desesperación de estar rodeada de gente que te toca las bocinas, te hace luces y te dice cada palabrota, decidií cerrar los ojos para extraerme por un segundo de la situación en la que me vi metida para pensar.... cuando de pronto, alguien me toca la ventana.

Abrí los ojos y me encontre con un chico, un poco mayor que yo, que con una sonrisa en la cara me dice: ¿te has quedado botada?. Yo, dentro de mí, pensaba... "NO, tenía sueño y decidí que no podía esperar a llegar a mi casa", sin embargo, me mordí la lengua y respondí educadamente, y también con una sonrisa (aunque finjida) "si, y no se qué hacer".

Sonrió aún más y me ofreció ayuda. Así que empujó mi carro hasta llegar a una callecita cercana para estacionar.... justo frente a su casa. Llamé a mi grua, pero como se demorarían 40 minutos, el chico me invito a pasar para esperar adentro, y lo pasamos de lo mejor.

De modo que no importa que gris sea tu día, siempre va a haber algo que te haga sonreir al menos un segundo, y ese algo va a ser suficiente para pensar que aquel día no te levantaste de la cama en vano.